MTF. Montserrat González Fernández
Email: gfmontserrat@hotmail.com
Psicóloga Educativa y Terapeuta Familiar.
“Vive de tal manera, que cuando tus hijos piensen en justicia, cariño e integridad, piensen en ti” Jackson Brown
Nacemos dependiendo de los demás, y crecemos conviviendo con ellos y aprendiendo de ellos. En la familia, generalmente y en gran medida, es donde vamos aprendiendo las pautas de relación que, funcionales o no, posteriormente vamos repitiendo a lo largo de nuestra vida.
Los terapeutas familiares han descrito a la familia como un “sistema” ya que los miembros que la forman están relacionados entre ellos, esto es, lo que cada uno piensa, siente y hace está relacionado y tiene influencia con lo que los demás piensan, sienten y hacen (Minuchin y Fishman, 1981).
Dentro de este sistema llamado familia, se encuentran otros subsistemas; el conyugal y el parental formado por la pareja, y el fraterno formado por los hermanos. Cada uno de ellos tiene funciones y características diferentes.
El subsistema conyugal se refiere a la pareja propiamente, y la pareja se define como dos individuos que iniciaron una nueva familia decidiendo estar juntos, contemplando un futuro común para establecer una relación que los nutra emocionalmente (Campo y Linares, 2002).
Cuando se convierten en padres, se crea el subsistema parental, la relación entre padres e hijos. Como padres, la pareja tiene funciones diferentes a la de ser cónyuges,. La autoridad, el poder, la seguridad física, la nutrición emocional, y la responsabilidad familiar está a cargo de los padres. Así, los padres son quienes ponen reglas y son proveedores de cuidados, alimentación, educación, seguridad física y emocional de los hijos.
Y por último, el subsistema de los hermanos, el fraterno, en el cual aprendemos a relacionarnos con iguales, a luchar por lo que quiero y necesito, a compartir, apoyar, a trabajar en equipo. También los hijos al interactuar con el subsistema de los padres, aprenden a negociar las reglas, a asumirlas y a enfrentar sus consecuencias positivas y negativas (Minuchin, 1986).
A grandes rasgos, ésta es la estructura que tiene una familia tradicional. Pero no siempre es así. Vamos a dejar a un lado el subsistema fraterno y sus funciones, porque no es objeto de éste artículo y nos enfocaremos a la pareja como cónyuges y como padres. Dos subsistemas diferentes con funciones diferentes: mismas personas, diferentes funciones.
Aunque en teoría es muy claro qué funciones son de los padres y qué funciones son de pareja, es muy frecuente que se confundan unas en las otras. Por ejemplo, mencionamos que la autoridad es función de los padres, aunque nos damos cuenta que en muchas ocasiones, los que tienen la autoridad y el poder son los hijos. ¿No nos dice Don Sentido Común qué las reglas, consecuencias y decisiones las toma el adulto? ¿No son los adultos los que deben de estar a cargo del mundo?. Aunque no siempre es así. En la función de cuidado y seguridad que los padres ejercen sobre los hijos, implica también no darle responsabilidades que no pueden ni deben tener, pero a su vez si darle las que necesitan. He escuchado tantas veces como terapeuta familiar y escolar a uno de los padres diciendo que su hij@ “la defiende de su esposo”, “en las discusiones con mi mujer hasta mi hij@ le dice que no tiene la razón”; y por otro lado, “yo no le pido a mi hij@ que haga nada, sólo que estudie, ya cuando sea grande pues se hará responsable” (Si por arte de magia pienso yo).
De verdad me pregunto en qué momento se nos olvida que los hijos no son responsables de intervenir en una discusión de pareja, pero si son responsables y pueden hacer una cama o lavar unos platos. Podrán decidir si van a comer una manzana o una pera, si hoy compran unas papas o una golosina, pero no pueden, ni deben decidir qué van a comer cada día, si quieren ir al colegio, o si hacen la tarea. Estas decisiones las toman los padres. Algunas reglas y conductas son negociables, dependiendo de la edad del niño, pero otras no. Porque te quiero, te educo.
Ahora, ¿qué sucede cuando “los padres” no juegan en el mismo equipo?. Imaginemos por un momento que un trabajador tiene dos jefes, uno le exige llegar al trabajo a las 8 a.m. pero el otro le deja llegar a las 11 a. m. Por un lado, el trabajador aprovecharía todas las ganancias posibles de esta falta de frente común; por otro lado comenzaría a generarle inseguridad por los múltiples mensajes que le dicen uno y el otro. Pues casi eso mismo pasa con los hijos, sólo que los niños al contrario de los adultos, no tienen la capacidad de comprender que el conflicto es entre los jefes y no entre ellos; además, los padres, a diferencia de los jefes, son encargados de darle a los hijos seguridad física y emocional, nutrirlos emocionalmente, amarlos, valorarlos y aceptarlos, y en una situación así, son precisamente fuente de inseguridad emocional.
Cuando la guerra en la pareja (subsistema conyugal) abre fronteras involucrando a los hijos (subsistema parental) la seguridad física y emocional de los niños es la que más se ve afectada.
Cuando dos personas deciden vivir en pareja y/o contraer matrimonio, la expectativa casi siempre es de generar un bienestar común. Sin embargo, pueden surgir conflictos que impidan que la relación conyugal siga adelante. Escuchamos a menudo que el divorcio “daña a los hijos” sin embargo, Campo y Linares (2002) afirman que el término de una relación de pareja puede traer bienestar físico y psicológico tanto a los ex cónyuges como a los hijos. ¿No es mejor que los hijos convivan con dos padres separados que se relacionan con respeto y paz, a vivir con unos padres que están juntos en una guerra sin tregua?
Ahora, en ocasiones, el divorcio y/o separación, no trae consigo este bienestar, sino que a pesar de la separación de la pareja, los conflictos continúan, y tristemente, sigue arrastrando a los hijos a la guerra de los padres. Esta guerra conyugal con hijos puede ser tan dañina para ellos que llegan a desarrollar diversos síntomas. Inclusive, la situación puede llegar a un punto tal, que se desarrolla el llamado Síndrome de Alienación Parental definido por Gardner (1992) como una alteración en la que los hijos desprecian, censuran, critican y rechazan a uno de sus progenitores, de manera injustificada y/o exagerada. Esto se va logrando a través de conductas manipuladoras
de uno de los padres que, de manera consciente y sistemática, consiguen que el hijo descalifique al otro progenitor.
Frases como “mi padre nos dejó por otra mujer, no lo quiero volver a ver”, o “mi madre se enamoró de otro y por eso la odio”, Son palabras de los hijos que pertenecen a los progenitores heridos. La fidelidad es un asunto de pareja no de paternidad. Así el deseo de venganza, la personalidad inmadura, el control y dominio hacia el otro, los celos, el dolor, el enojo, dificultad para reconocer el error, violencia verbal e incapacidad de negociar, entre otras causas, hacen que los puntos de conflicto de pareja pasen a ser puntos de conflicto entre padres e hijos, en donde los hijos se ven atrapados en esta guerra que no es suya, llegando a desarrollar total rechazo por alguno de los padres (Gardner, 1992).
Si se lograra entender que podemos tener diferentes parejas y/o cónyuges, pero los padres, son únicos, y son figuras muy importantes para los hijos, quizá entonces, cuestionaríamos involucrar a los hijos en conflictos que no son suyos. Don sentido Común nos dice que no vale la pena dañar de tal manera a nuestros pequeños sólo por satisfacer el enojo, el orgullo herido, el dolor, a través de “castigar” al otro progenitor buscando aliados en los hijos, que pelearan por nosotros, si, pero serán los más dañados. Así, aun cuando la pareja fracasa en la conyugalidad, las funciones de padres pueden, y deberían ser conservadas (Campo y Linares, 2002). Dejamos de ser pareja, o nunca haberlo sido en realidad, pero nunca dejamos, ni dejemos de ser padres.
Referencias.
Campo, C. y Linares, J.L. (2002). Sobrevivir a la pareja. Problemas y soluciones. Barcelona:
Editorial Planeta.
Gardner, R. (1992). Parental Alienation Syndrome: a guide for mental health and legal professionals. Cresskill, NJ: Creative Therapeutics.
Minuchin, S. (1986). Familias y terapia familiar. Gedisa.
Munuchin, S. y Fishman, H. Ch. (1981). Técnicas de terapia familiar. Paidos.


