
Moy Contreras Reynoso
Neuro Coaching
moy@iteso.mx
Adolescencia, la edad de los enamoramientos
¿Quién no se enamora en esas edades? Desde las primeras fantasías de la última parte de la primaria, los delirantes enamoramientos de la secundaria, los pasionales amores de la preparatoria, los vertiginosos y desconcertantes amoríos de la universidad, hasta los retadores amores de la postadolescencia que invitan a crecer y que muchas veces salen corriendo por miedo al compromiso.
Parece ser que el enamoramiento lo produce una gran mezcla de procesos hormonales y neuronales: testosterona, estrógenos, dopamina, oxitocina, serotonina, endorfinas combinadas con una activación de zonas del cerebro emocional, reptiloide, cortical y sin duda el ya famoso lóbulo prefrontal. Estar enamorado es una especie de locura momentánea, que se puede dar en muchas de la etapas de la adolescencia según los estímulos externos que se tengan. Podría ser parte fundamental de las experiencias valiosas de vida que deben tener las personas para lograr un equilibrio emocional. Hay que enamorarse aunque sea una vez en la vida para que se queden registradas en el cerebro y en todas las células, esas sensaciones de plenitud, éxtasis, locura y placer que luego se necesitarán para recurrir a ellas y mantener una estabilidad con la pareja a la que se decida amar.
“Nos vamos a casar porque estamos enamorados”, “te acabo de conocer y siento que te amo”, “dame una muestra de amor, vamos a la cama”, “cumplimos 30 años de casados y seguimos tan enamorados” , “ya no siento que amo a mi esposa, no me dan ganas de hacerle el amor”, “siento que amo a mi maestra” alumno de sexto de primaria, “mi novio es tan cariñoso, siempre me quiere abrazar y tocar”, adolescente de segundo de secundaria 13 años con novio de 19 años.
Todas éstas personas están hablando de los mismo, amor, enamoramiento, deseo, apego, atracción, todo en el amor es confuso y más cuando se esta enamorado, muchas veces no se sabe que es lo que se esta sintiendo, pero se siente fuerte. Un adolescente de
seguro pasará una o varias veces por estas confusiones y de seguro no sabrá qué hacer, se equivocará y corregirá, de seguro sufrirá el mal de amores y llorará y saldrá adelante.
Hay que tomar en cuenta que, en cuestión de amores y sexo, nuestra cultura religiosa (algunas veces hipócrita y falsa), ha negado la posibilidad de ampliar la educación en este campo, dejando, la mayor parte de las veces que cada adolescente descubra con los amigos y amigas, cómo descifrar lo que están sintiendo y qué decisiones tomar al respecto, pero de seguro no será un tema que se platique en las mesas de las familias conservadoras, perdiendo la oportunidad de fortalecer los lazos familiares, educar en valores y dar la información necesaria para que los adolescentes no cometan errores.
Algunas familias creen que hablar de temas sexuales es inducirlos a que inicien una sexualidad prematura y es al contrario, entre más información manejen sobre sus sentimientos, emociones, desarrollo de su cuerpo, el proceso de enamoramiento y lo que cada adolescente solicite de información según su desarrollo y edad, aumentará la confianza y, sobre todo, la conciencia de sí mismo y la responsabilidad que cada persona debe tener en el manejo de su afectividad y sexualidad.
Deseo, atracción y apego: etapas del amor
Los adolescentes deben saber la diferencia entre deseo, atracción y apego, cada una funciona de diferente manera en el cerebro, en
cada etapa del amor intervienen zonas estructurales y sistemas hormonales y neurotransmisores distintos, suceden por etapas, según describe Helen Fisher, antropóloga de la Universidad de Rutgers, que ha estudiado durante años los procesos biológicos y neuronales del amor. La Dra. Fisher afirma que en la fase del deseo, esa fuerza que atrae y que no se puede dejar de ver y que al mismo tiempo llena la mente con la imagen que los ojos registraron y no se puede ver algo más, te atrapa, te confunde. La culpa la puede tener en parte la testosterona, tanto en hombres como en mujeres, aunque los estrógenos también impulsan a la atracción sexual. También se ha demostrado en los estudios de la Dra. Fisher, que las mujeres que pierden el miedo a quedar embarazadas, pueden tomar la iniciativa sexual y piensan en el sexo con mayor frecuencia en la mitad de su ciclo ovulatorio, cuando los índices de estrógenos están al máximo y esto puede ser causa de que aumente la dopamina y haga que las adolescentes salgan en plan de conquista, con ropa más atractiva, movimientos y miradas más provocativas.
Tanto la testosterona y los estrógenos en sus índices más altos producen inclinaciones al deseo sexual, pero también los pensamientos sobre la persona deseada, imaginar caricias y sexo, aumenta la cantidad de testosterona y estrógenos, por tanto la
dopamina que hace el deseo más fuerte e intenso. Es un círculo: pensamientos y deseo producen hormonas y hormonas producen pensamientos y deseos.
En la segunda fase del amor está la atracción, la Dra. Fisher cree que está ligada a la dopamina, combinada con la neropinefrina, un estimulante del cerebro, es lo que provoca en entusiasmo amoroso, una dosis aumentada de las dos sustancias, combinada con un descenso de la serotonina, el neurotransmisor calmante (que cuando los índices son bajos, es vinculado al pensamiento obsesivo), es lo que provoca que estés flotando o las famosas mariposas en la panza, es aquí donde más se relaciona con el enamoramiento.
Por los cambios emocionales que tienen los adolescentes y más en sus primeras etapas, no es nada difícil que se den las características en el cerebro y en las hormonas de muchos adolescentes para sentirse totalmente enamorados y hasta llegar a niveles compulsivos si no se pone cierta atención, ya que no tienen buen administrador de las emociones.
La fase tres que describe la Dra. Fisher, es el apego. Cuando se ha pasado con equilibrio por las otras dos etapas, podemos decir que se está aprendiendo a amar, ya no son los deseos impulsivos y a veces alocados que no pueden quitarse de la cabeza, ni la atracción y fuerza del enamoramiento que me lleva a pensar todo el día (o gran parte de él) en la persona que me esta haciendo sentir mariposas, ahora son sentimientos fuertes pero profundos y tranquilos, menos propicios a alucinar.
La Dra. Fisher cree que la tercera fase está ligada la oxitocina en las mujeres y la vasopresina en los hombres, hormonas multiusos producidas por la pituitaria, glándula del tamaño de un frijol que se haya en la parte base del cerebro y que se relacionan con la vinculación entre las personas.
A los adolescentes se les puede hacer estas explicaciones poco útiles cuando están sintiendo de manera casi compulsiva, pero cuando estén cuerdos, o sea, no enamorados, se les puede explicar para que comprendan que llegar a amar a alguien es un proceso
largo, que un o una adolescente de 10 años hasta posiblemente los 16 años y en algunos casos hasta más, es difícil que lleguen amar, pero si pueden desear y sentirse atraídos con mucha fuerza y que tomar decisiones en estas etapas es muy peligroso ya que la falta de maduración del lóbulo prefrontal, donde se dan las mayores experiencias de amor, todavía no está maduro.
¿Están listos para entenderlo?
Los cuerpos pueden ser muy atractivos, provocando deseos desde edades muy tempranas, haciendo que las hormonas se estimulen y se produzcan cantidades muy altas de dopamina, sintiendo mariposas y emociones muy fuertes, invitando al adolescente a iniciar su vida sexual, pero a su cerebro le faltan varios años para estar listo y administrar las emociones y las consecuencias de los comportamientos que surgen de estas estimulaciones.
La primer dimensión: biológica, cuando conozcas bien tu cuerpo, esté lo suficientemente crecido y maduro, no hay una edad específica, puede ser entre los17 a los 20 años, según cada persona.
La segunda dimensión es la psicológica, cuando puedas administrar tus emociones y puedas posponer un placer para lograr comprometerte en proyectos más trascendentes, a eso se le llama madurar, esto puede ser desde los 18 hasta los 30 años, depende de cada persona.
La tercer dimensión es la social, hay que tomar en cuenta que vivimos en una sociedad con reglas y costumbres, que hay que cuestionar pero también respetar, además, a cada acción le corresponde una reacción, hay que saber responder a las consecuencias
que pueden traer las relaciones sexuales y entre más preparado estés, mejor puedes responder, por eso es que hay que estudiar los mayores grados posibles, para que se tenga mejor calidad de vida y la que podría ser el inicio de una familia y no llegue a destiempo y rompa los planes de crecimiento de la pareja. Esta dimensión se desarrolla en épocas muy variadas, pero en muchos de los casos en las ciudades, después de los estudios universitarios o después de los 20 años si se ha tenido estabilidad y madura.
La cuarta dimensión, la espiritual o trascendente, es cuando aprendas lo que es la entrega total por el otro, cuando se aprende a amar con todas las fuerzas, la búsqueda de la felicidad del ser amado, más allá de su cara, su cuerpo o sus bienes materiales, esto se da cuando se ha tenido un buen noviazgo, maduro, sin agresiones, manipulaciones, ni codependencias, cuando los dos se han conocido a sí mismos y al compañero, se han aceptado y buscado para acoplar las normales diferencias, esta etapa se va desarrollando poco a poco junto con la dimensión psicológica y social.
Cuando se logran conjuntar las cuatros dimensiones, es que el cerebro ya esta listo y sabe administrar los impulsos de la dopamina, ya el lóbulo prefrontal esta activo y aprendió a amar, en este caso hay más posibilidades de consecuencias positivas. Con todo lo que me preguntan los adolescentes desde muy temprana edad, podemos sacar como conclusión que la sexualidad está presente desde los primeros años de la primaria, antes de que las hormonas aparezcan, es el cerebro que esta siendo estimulado, solo hay que analizar los programas de televisión que ven, cómo las visten las mamás para ir a las plazas y fiestas, la importancia que le dan a la belleza corporal o hay que asistir a una clase de jazz de
niñas de 8 a 10 años o menores, muchas de ellas estimulando un erotismo fuera de tiempo. ¡Qué afán de estimular a los niños y niñas tan chicos!, ¿no será que les falta maduración del lóbulo prefrontal a los papás para ver las consecuencia de los entornos que les ponen a sus hijos?.
Los comportamientos afectivos sexuales, como casi todos los comportamientos, son aprendidos, es por eso que una vez más, hay que escoger los entornos donde los adolescentes se vayan desarrollando, que tengan experiencias ricas en afectos, pero que el entorno los invite a tener paciencia para desarrollar todas las dimensiones antes expuestas para que logren encontrar en sus experiencias de enamoramiento el camino al verdadero amor y sepan hacer feliz como pareja a quien escojan libremente.
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