
Segunda Parte
Estrategias de intervención en desacuerdos
Lic. Gabriela Porras Rangel Director General Taller Terapia de Juego Módulo “MI HERMANO…MI AMIGO”Siempre se debe permitir que solos resuelvan sus propios problemas. De no lograrse por ellos mismos el acuerdo o solución de la discrepancia y tu consideras que debes intervenir en alguna pelea, ten en cuenta los siguientes puntos:
• Lo mejor al disciplinar es aplicar una consecuencia a los implicados no a uno solo.
• Evita el desgaste de buscar al culpable o a quien empezó. En cualquier situación de conflicto, en general, las dos partes tiene la misma culpabilidad.
• Trata de ignorar la mayoría de las discusiones o desavenencias entre tus hijos, evita preguntar quién empezó o qué pasó. La respuesta siempre será la misma: “fue él” o “fue ella quien lo hizo”, realiza intervenciones proactivas, esto es que favorezcan la conciliación.
• Asume que ambos son responsables por partes iguales o en mayor o menor grado sin que ello sea motivo para dejar a uno fuera de la sanción.
• Sugerir que el mayor frecuentemente sea el que ceda, sólo sirve para reforzar el patrón de conducta del niño más pequeño y aumenta el enojo y frustración del hijo mayor.
• La mejor opción ante discusiones verbales o físicas es separarlos hasta su total calma y posterior búsqueda de acuerdos entre ellos.
• En algunas situaciones puede ser útil el que actúes como intermediario o árbitro, ayudando a cada uno a presentar sus argumentos y a expresar sus puntos de vista. Luego les ayudas (a ambos) a llegar a un compromiso o acuerdo frente a la situación. Lo anterior le enseña a cada uno de los niños un modo práctico y efectivo de resolver problemas
• Cuando los hermanos desarrollan un patrón de hostilidad, agresividad, burla y enojo frente al otro, los padres deben tomarse el problema muy en serio. Cada uno de los niños debe ser protegido de cualquier forma de abuso físico o psicológico por parte del otro, por tanto es importante aseverar que eso no se permite y que cuando ocurra siempre se parará.
• Aún cuando las desavenencias son algo común entre las personas que viven bajo un mismo techo los padres no deben aceptar peleas frecuentes o ataques de ira.
• Con tiempo y esfuerzo casi siempre lograremos entender la causa de la rivalidad entre nuestros hijos y podremos manejar las situaciones de un modo exitoso.
FORTALECIENDO LA ALIANZA
Dedica la misma cantidad de tiempo en cada día a cada uno de tus hijos
En ese tiempo permítele al niño ser el único centro de tu atención, concédete un tiempo para escucharlo, cuidarlo, mimarlo y gozar mutuamente de la compañía del otro.
Estimula la presencia de experiencias independientes para cada uno de sus hijos
Evita el preguntar en conjunto, ejemplo: cuando los recoges del colegio ¿cómo les fue? Debiendo ser ¡Diego cómo te fue en clase?. No aceptes respuestas genéricas. Busca las vivencias y sentimientos de cada uno. Haz arreglos para que cada uno de tus hijos tenga algún tiempo durante el día en el cual tenga actividades independientes. Fomente los amigos y actividades independientes (así como las actividades en conjunto).
Evita las comparaciones
Trata a cada uno de los miembros de la familia, como lo que es, alguien único con talentos y valores irrepetibles.
Intenta no mantener algún tipo de favoritismo
* El consentir a un niño más que al otro.
* El cargar o abrazar más a un hijo que a otro.
* El estar más interesado por los gustos o por el desempeño de uno por encima de los otros.
* El dedicarle mayor tiempo.
* El entregarle más dinero a uno que a los otros.
No intervenir.
Que sean ellos mismos los que aprendan a defenderse. Intervenir sólo en caso de que la pelea se complique, o uno de ellos sea dominador de los demás.
Mantener la calma
Permanecer ecuánime y ser objetivo favorece estar en calma en estas duras pruebas, incluso en algunas ocasiones pedir la intervención del progenitor que tiene más equilibrio emocional.
Ser justos.
Cuando haya que intervenir, no buscar culpables, todos lo son en mayor o menor grado. Trate de que la pelea termine con el perdón y la reconciliación. A veces, habrá que hablar con cada uno a solas para ayudarle a reconocer su culpa y a perdonar sin rencor.
Estar alerta
Si las peleas brotan como consecuencia de un rencor reprimido o cuando uno de ellos se convierte siempre en el tirano y otro es siempre la víctima; habrá que hacer un trabajo educativo más profundo hasta lograr que ese hijo supere esa condición interna, o incluso considerar la intervención de un profesional.
No dramatices demasiado.
Considera a la envidia o la rivalidad fraterna, como algo normal en la vida de los hermanos, actúa siempre buscando el enfoque formativo para que superen dichos episodios y se preparen para este mundo real.