Los derechos de la niñez, son un logro en el desarrollo de la civilización; sin embargo, cuidar de las niñas y los niños no siempre ha sido una tarea comprometida de las personas.
Hubo tiempos en la historia de la humanidad, donde la niñez era un estorbo,(Badinter, 1991) La autora relata desde la vida cotidiana cómo se vivía la maternidad. Durante un periodo que abarcó los Siglos XVII al XX, en Europa que era la cuna del mundo y la civilización, la maternidad oscilaba entre la indiferencia y el rechazo, ¡había cosas más interesantes que hacer! entre las personas adultas, que atender un niño llorón.
Tan lejos como nos remontemos en la historia de la familia occidental, nos veremos confrontados con el poder del padre que siempre acompaña a la autoridad del marido. Las respectivas funciones de padre, madre e hijo son determinadas por las necesidades y los valores que predominen en una cultura, son una construcción social. Cuando la luz de la ideología dominante ilumina solamente al hombre-padre y le otorga todos los poderes, la madre ingresa en la sombra y su condición se asocia a la del hijo. Sin embargo, cuando la sociedad se interesa en la niñez, en que sobreviva en las mejores condiciones y en su educación, entonces la mirada se vuelca hacia la madre, ésta se convierte en el personaje esencial en detrimento del padre. En un caso o en otro, su conducta cambia respecto del niño y del marido. Por lo tanto pareciera que la mujer será una madre más o menos buena según que la sociedad valorice o desprecie a la maternidad. La reflexión interior que se propone desde este texto es muy interesante, aliento a nuestras lectoras a revisarlo.
El maltrato infantil y la violencia contra los niños y niñas en los ámbitos de desarrollo como son la escuela y el hogar familiar, establece una problemática que, aunque ha sido perpetuada en la especie humana durante toda la historia, es en este siglo XXI, en que los Derechos Humanos deben hacerse reales y vivirlos en todos los grupos sociales, en todos los grupos etáreos y en este texto específicamente de los niños y niñas.
Han quedado en el pasado todas las propuestas de estrategias de cómo hacer realidad los Derechos de la Infancia. Ahora que los gobiernos, incluido el nuestro, se han propuesto que los derechos de la niñez prevalezcan, ahora que se ratifican ante las Naciones Unidas los cuidados necesarios a la infancia, ahora que no nos queda la menor duda de que las niñas y los niños merecen buen trato, alimentación, casa y educación, tenemos grandes rezagos y pendientes en este sentido.
Un tema pendiente para el desarrollo saludable de los niños y niñas es el abuso sexual infantil, porque cuando se vive, las consecuencias limitan la salud emocional. El infante que ha vivido el abuso y la persona que inflige el abuso, viven una dinámica dañina para ambos, que lesiona fuertemente a la familia y al entorno donde se desvela; el primero sufre del abuso, pero el segundo es muy probable que en algún momento de su vida fue a su vez víctima de algún tipo de violencia, abandono o rechazo.
El abuso sexual se considera una de las formas de maltrato hacia los niños y niñas con mayores consecuencias, ya que a diferencia de otros tipos de maltrato, éste se calla, se vive en silencio y confusión, estableciendo patrones de indefensión y mayor vulnerabilidad para vivir cualquier tipo de violencia y sometimiento durante las diferentes etapas de desarrollo. En el estudio del abuso sexual infantil podemos hacer tres diferencias significativas.
- La primera es que sucede la mayoría de las veces sin que exista violencia física de por medio, (por ejemplo la violencia que se vive durante una violación); pero es un acto que posee en sí mismo una carga importante de violencia y confusión emocional que compromete el proceso de desarrollo de los infantes.
- En los niños y niñas que han vivido el abuso, sucede en un inicio un choque emocional, y en el proceso de crecimiento al pasar a otras etapas de la vida, van a interferir con el proceso de desarrollo al generar los significados del hecho vivido, esta situación involucra el no haber podido decir nada cuando sucedió por la confusión que generó el hecho, el malestar o incomodidad sentida y ocultada como un dispositivo de defensa psicológica personal, la falta de confianza para decir qué pasó y con quien pasó, aunado a que la madre y el padre, o el docente al no estar familiarizado con el tema, no sabe qué hacer y una de las primeras respuestas naturales es no creer.
- La niña o el niño sometidos por el abuso al no poderse expresar, lo manifiesta mediante problemas en la escuela, agresividad, tiende a la regresión de conductas que ya eran propias de su maduración, se vuelve muy inquieto o callado y tímido; la falta de educación sexual integral en nuestro contexto complica en gran medida la comunicación de lo ocurrido.
- El abuso sexual daña emocionalmente a quien lo ha vivido, y el hecho constituye una actividad censurada socialmente que puede recibir una sanción legal; pero es una situación tan dolorosa y los adultos cuidadores del infante, sobre todo padres y madres no están preparados para enfrentar este dolor y prestar la ayuda necesaria. La detección de esta grave problemática de salud pública es muy complicada, es manejada como un secreto, tanto dentro de la escuela como dentro de la familia, nadie sabe realmente qué se debe hacer, lo que aumenta la confusión del infante.
En Fundación PAS, sabemos que la prevención y la educación son la única vacuna que existe para erradicar cualquier tipo de violencia, pero en el caso de los abusos sexuales perpetrados a menores es todavía más necesaria esta tarea. Si no informamos y capacitamos a las niñas y a los niños sobre cómo deben actuar ante cualquier tipo de violencia, de qué recursos disponen y qué derechos tienen, es muy difícil que puedan evitar los abusos o que pidan ayuda cuando sea necesario. Nunca es tarde para empezar, te invitamos a reflexionar.
Badinter Elizabeth (1991) ¿EXISTE EL AMOR MATERNAL? Historia Del Amor Maternal. Siglos XVII al XX. Paidos Editores. Barcelona.
Por: Carlota Tello