
Por. Lic Crsitina de Obeso Orendain
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Existe una enfermedad que no respeta nacionalidad, sexo o edad… el cáncer; una patología que aunque ha tenido muchos avances médicos, todavía no se logra erradicar y que sigue cobrando vidas en todo el planeta. Y ¿qué es el cáncer? Para explicarlo de forma sencilla, puedo decir que es una enfermedad que afecta a las células de cualquier parte del cuerpo, y si recordamos que son las células las que hacen funcionar a todo nuestro organismo, podemos entender la gravedad de que éstas enfermen.
Las células, como cualquier tejido de nuestro cuerpo, día con día se están regenerando, multiplicando, para que nuestros tejidos y órganos continúen de manera eficiente con su labor dentro de nuestra vida física. Para esto, se dividen (se reproducen) de manera ordenada para suplir aquellas células que dejaron de funcionar. El cáncer se presenta cuando ciertas células, por diversos factores, comienzan a dividirse de manera desordenada, formando masas, que conocemos con el nombre de tumores, que crecen de manera rápida e invaden el tejido del órgano en el que se presenta esta reproducción desmedida, afectándolo e impidiéndole que siga funcionando de manera coordinada con el resto del cuerpo.
Y… ¿Cuáles son estos factores? Desafortunadamente, todavía no se sabe a ciencia cierta qué es lo que desencadena este desorden, pero las conclusiones a las que se ha llegado es que son múltiples. Podemos hablar de factores internos, como herencia familiar o exceso de estrés; y de factores externos, como contaminantes, rayos UV del sol, sedentarismo y por supuesto, malos hábitos alimenticios. Como en la mayoría de los padecimientos, la nutrición tiene mucho que decir con respecto al cáncer. En diversas investigaciones se ha dejado claro cómo en los últimos 30 años, la incidencia de diversos cánceres (pulmón, colon, mama, próstata, sangre, mejor conocido como leucemia) ha crecido en la población mundial, y cómo este incremento va de la mano con la modificación de la canasta básica en los países, cambiando los alimentos naturales por procesados, que si bien pueden “ahorrar” tiempo en la cocina, claramente nos ha alejado de la salud.
Los colorantes, conservadores, exceso de sal, azúcar, las grasas trans, harinas y cereales refinados, se están presentando ya como uno de los peores enemigos de nuestras células. ¡Pero no todo está perdido! La naturaleza nos ofrece día con día alimentos con sustancias maravillosas, que el mundo médico ya las reconoce como anticancerígenas, y que están siendo utilizadas en medicamentos contra esta enfermedad. Pero ¿no es mejor consumirlas en su empaque original y de manera cotidiana para fortalecer nuestro cuerpo? Fíjate muy bien. Que no falten en tus alimentos cotidianos, los siguientes colores… o podríamos decir, los siguientes alimentos:
El color rojo: aquí podemos incluir el tomate rojo, rico en un antioxidante capaz de prevenir el crecimiento desordenado celular, el licopeno, fitoquímico eficaz en los cánceres de próstata, pulmón y tracto digestivo. Pero también pertenecen a este grupo la sandía, la guayaba rosa, la toronja rosada y la lechuga sangría.
El color verde: que incluye uno de los alimentos más importante contra el cáncer, el brócoli. Éste contiene una sustancia (utilizada actualmente en medicamentos), llamada sulforafano, un compuesto de azufre que acaba con las células madres cancerígenas y además, tiene propiedades protectoras del hígado, baja el colesterol, es antiinflamatoria y antibacteriana.
En este color, también podemos encontrar otros alimentos clave contra el cáncer, por su contenido de clorofila, lo que permite una buena oxigenación de las células y por lo tanto, células sanas: germinado de trigo, avena y frijol Mungo, alfalfa, y por supuesto, los vegetales de hoja verde oscuro, en especial la verdolaga.
El color morado: Los alimentos de este color son considerados antioxidantes por excelencia, ya que contiene un fitoquímico llamado “Resveratrol”, protector de las células del ataque de los radicales libres. Que no se te olvide tener en tu canasta básica betabel, uva morada, col morada, cebolla morada, higos, arándanos y ciruelas. Otros alimentos que no deben faltar: La soya, cuyas isoflavonas han resultado maravillosas sustancias para prevenir el cáncer de mama y que se utilizan como un tratamiento natural cuando ya se padece esta patología.
El trigo, cuyas sustancias no sólo fortalecen el cuerpo, sino que también ayudan al buen tracto intestinal, impidiendo que se estacionen en el colon agentes infecciosos que pueden enfermar las células. Cúrcuma, una especie que da color amarillo a los alimentos y un sabor exótico, y que se ha demostrado que tiene propiedades anticancerígenas y antiinflamatorias.


