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Posted by Susana on junio 20, 2018
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«El hombre es un animal simbólico» Ernst Cassier

 

Matemáticas ¿Para qué? Esta frase es, sin duda, la «madre de todos los cuestionamientos» que algunos escolares expresan al inicio de mis talleres de Lógica. En Primaria: «Yo no necesito matemáticas, cuando sea grande voy a hacer futbolista», «Yo seré veterinaria», «Yo voy a ser policía». En Secundaria: «¿Para qué me sirven? no voy a ser ingeniero», «Yo voy a estudiar criminología», «Yo, voy a ser nutriológa no las necesito». El tema no para allí, en Preparatoria y Universidad el problema sigue presente en los jóvenes: muchos de ellos no sabe completas las tablas de multiplicar básicas, ya no digamos operaciones más complejas. A primera instancia, los cuestionamientos y el rechazo a las matemáticas parecerían sensatos:

«¿Para qué estudiar algo que no voy a necesitar? Además de que no le entiendo, ¡es muy difícil!»

La reacción de docentes y papás es naturalmente de preocupación, a veces de enojo, pero siempre de desencanto: ¡¿Cómo que no te gustan las matemáticas? Los argumentos para intentar convencerlos a-como-dé lugar de las bondades de los números no se hacen esperar: ¡Pues te gusten o no, tendrás que estudiarlas, no importa lo que quieras ser de grande! Y es cierto, las matemáticas están en todo: al comprar, al pagar una cuenta, al preguntar la hora, al calcular el tiempo o el ir de un lugar a otro…incluso a la luna. ¡En todo!

Es muy común escuchar a los niños – a jóvenes y adultos- decir que odian las matemáticas, o que nunca fueron buenas para eso y que no las entienden. Incluso  hay quienes eligieron su carrera profesional con el único propósito de «no volver a saber nunca más de ellas».

¿A qué se debe exactamente este rechazo? Las explicaciones dependerán del opinante:  a que el método no es el adecuado,  o el docente no sabe. Otros lo atribuyen a la falta de motivación e interés en el ámbito familiar. También se habla de las nuevas tecnologías actúan como distractores. Muchos aún creen que se debe a que hay personas más inteligentes que otras e incluso, algunos más, a características genéticas -heredadas o no- en cada individuo.

Lo cierto es que el rechazo y la fobia a las matemáticas están allí, más fuertes que nunca, para tormento de docentes, sufrimiento de alumnos y decepción -y corajes- de padres de familia.

¿Quién tiene la razón? ¿Cuál es la verdadera causa de este problema, que se replica en todas las escuelas, públicas y privadas? ¿De verdad es tan difícil estudiar y aprender matemáticas? ¿Existe una edad o etapa de desarrollo idónea para aprenderlas? ¿Hay personas a las que se le facilita más que a otras?

Durante siglos se creyó que existían personas más inteligentes que otras. A inicios del siglo pasado incluso se diseñaron herramientas psicométricas  para su «medición», los Test de inteligencia para conocer el coeficiente intelectual de cada individuo (IQ). Al final sólo sirvió, entre otros agravios, para clasificar a las personas en diferentes categorías, una cruel segregación de niños (y adultos) considerados poco menos que tontos. Lo lamentable es que en algunas instituciones esa idea aún prevalece, no obstante que en los más recientes avances en neurociencia y psicología lo rechazan claramente. Ahora sabemos que no existe una inteligencia sino varias en cada individuo, las inteligencias múltiples; unas desarrolladas más que otras. Pero no es ese el tema que nos ocupa por ahora.

Aunque en la actualidad las pruebas psicométricas están en vías de extinción (afortunadamente), tal parece que la comprensión de las matemáticas se ha convertido en el nuevo instrumento de medición intelectual. Y esto se da también, lamentablemente y sobre todo, en el ámbito escolar. El entorno social lo refrenda y los alumnos lo validan; quien no es bueno en matemáticas es considerado poco inteligente y en automático es ‘etiquetado’ de manera indeleble: «no soy bueno para los números, no son para mí», se dice a sí mismo el alumno. «¡Tampoco puedo hacer milagros!», endosa el docente. «A este grupo no se les da. Por más que les explican no lo entienden», dice la directiva. Y hasta los padres de familia lo replican: «mi hijo le batalla mucho, las matemáticas son su ‘coco!'».

Es cierto que las matemáticas son una disciplina abstracta, lo cual exige un esfuerzo intelectual diferente (sólo diferente, no mayor), pero nada fuera de las capacidades humanas. Sin embargo, cuando los alumnos entran en contacto «iniciático» con las operaciones básicas (primero de primaria) comienzan, para la mayoría, los problemas; sea por el motivo que sea. Es justamente en ese momento decisivo cuando ellos requieren de la mayor atención  en ese proceso que, de acuerdo con la Epistemología genética, debiera ser natural y con pocos sobresaltos. En lugar de eso se les etiqueta para siempre, en la escuela y en la familia. Este estigma les acompañará en el segundo grado y durante el resto de la primaria, sin que nadie, o casi nadie, haya hecho lo suficiente para evitarlo. Así llegan a secundaria, preparatoria y lo que le sigue… Lidiarán con las matemáticas por el resto de su vida. Una de las razones más poderosas que dan origen a esta problemática radica en la ausencia de la lógica, herramienta imprescindible para la comprensión y el estudio de las Matemáticas. Esto, al parecer, no lo tienen muy claro aún algunos directivos, docentes, autoridades de gobierno ni padres de familia. De acuerdo con el enfoque constructivista de Piaget, «El número es un concepto lógico -matemático de naturaleza distinta al conocimiento físico o social, ya que no se extrae directamente de las propiedades físicas de los objetos ni de las convenciones sociales, sino que se construye a través de un proceso de abstracción  reflexiva de las relaciones entre los conjuntos que expresan número». Esto es el resultado de operaciones lógicas como la clasificación y la seriación, entre otras, que se dan a partir de los 7 y hasta los 11 años de edad. Esta es la etapa que determinará su relación con las matemáticas, de éxito o ‘fracaso’.

La clave parece estar en que los alumnos aprendan a pensar (algo que parece estar cada vez más ausente en muchas escuelas); a utilizar y desarrollar su capacidad de razonamiento lógico -deductivo-, para la cuál sería deseable que en los planteles se dedicara un tiempo considerable al «entrenamiento cerebral» de los escolares de manera constante, mediante ejercicios que de, desarrollen sus capacidades lógicas y de pensamiento crítico a través de actividades académicas y juegos de destreza mental que no sólo acompañen los procesos cognitivos, sino que los refuercen. Paralelamente, coadyuvar de manera decidida al fortalecimiento de su autoestima, y a lo que Albert Bandura denominó «Autoeficacia», que hace referencia a las creencias del individuo en sus propias habilidades para tratar con las diferentes situaciones que se le presentan, o dicho de otra manera, el «Yo puedo hacerlo».

Este concepto juega un rol importantísimo no solamente en la manera de sentirte respecto a un objetivo o tarea, sino que será determinante para conseguir o no las metas en la vida.  Esto hace la diferencia entre lo que se define como inteligencia (capacidad de entender, asimilar, elaborar información y utilizarla para resolver problemas) y el Talento (la inteligencia eficaz de excelencia y logros). Sólo esto permitirá a los alumnos de todos los niveles, derrumbar de una vez y para siempre el muro de mitos y mentiras en torno a la inteligencia, y a las matemáticas como algo que sólo «es para unos cuantos», lo que propiciará el desarrollo individual de habilidades mentales que les permitan comprender las relaciones numéricas y, en consecuencia, el estudio y aprendizaje natural de las matemáticas.

Fomentar el interés por los números a través de actividades detonantes que rescaten del letargo intelectual a tantos escolares atrapados por la tecnología y la pereza sólo se hará realidad si las escuelas, padres de familia, y de ser posible, las instancias de gobierno correspondientes, se involucren de manera responsable y comprometida en este impostergable proceso de dignificación del intelecto. Después de todo, las matemáticas son el lenguaje con el que el pensamiento humano ha ordenado el universo.

Por: José Guadalupe Prado

Desarrollador de material didáctico y Tallerista en lógica matemática.

maestropadro@gmail.com

 

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