
LA RIVALIDAD FRATERNA
LIC GABRIELA PORRAS RANGEL Director General Taller Terapia de Juego Módulo “MI HERMANO…MI AMIGO”Dentro de la familia existen diversos mundos que conviven entre sí: el de la pareja, el de los padres y el de los hermanos, por tanto el mundo de la pareja se convierte para los hijos en un modelo de interacción a seguir; el mundo de los padres representa la contención y el establecimiento de límites y formación; y el mundo de los hermanos es el gran laboratorio social donde se experimenta cómo relacionarse con los demás, se favorece el sentido de pertenencia y se ejerce un posicionamiento, es por ello que el mundo de los hermanos se experimente a través de muchos matices, como son el amor y desamor, la alianza y rivalidad, el compañerismo por el abandono en otros.
No extrañe entonces a los padres de familia encontrar interacciones entre sus hijos con tintes de rivalidad, ya que la misma se ejerce como un recurso para ubicar su posición dentro de la familia o como una evaluación de su capacidad o habilidad frente al hermano, es entre los hermanos donde el afecto por los padres se comparte y “pelea”.
Cuando la forma habitual de relación entre los hermanos es en tono altamente competitivo e incluso confrontativo, se puede deber a sentimientos de inseguridad en uno o varios de los hermanos. La inseguridad suele provenir frecuentemente de sentirse menos valioso que el otro. Lo que hace preguntarse a los padres de familia ¿Qué hace que mi hijo se sienta menos valioso que su hermano o hermana?.
¿QUÉ PRODUCE ESA RIVALIDAD ENTRE HERMANOS?
1.- Sentimiento de inseguridad
Un niño con la autopercepción de no ser validado por él mismo o los padres genera celos hacia el éxito o posicionamiento del hermano, mermando con ello su autoestima, elemento necesario para afrontar la vida sin miedos. Muchas veces no es necesario que exista una situación real de injusticia en la casa, la propia inseguridad del niño puede llevarlo a formarse ideas equivocadas sobre quiénes son los preferidos de papá y mamá.
2.- Complejo de inferioridad
Así mismo, la envidia puede ser consecuencia de un complejo de inferioridad. Puede darse cuando el hermano mayor es muy brillante y el otro lo percibe como un techo inalcanzable O cuando ve a otro, aunque sea menor, como un rival que todo lo hace mejor que él. Según varios autores, la raíz de todos los sentimientos de inferioridad son las comparaciones, las que oyen de otros o las que ellos mismos se hacen para sí.
3.- La atención de los padres
Algunos hijos con el objetivo de que se les preste atención, generan acciones o conductas incluso negativas para que se fijen en ellos, aunque con ello se metan en problemas o se les sancione. Muchas de las peleas y roces entre hermanos son una forma de captar la atención de los padres.
Por otra parte, está comprobado que la escasez de algún recurso o la satisfacción de una necesidad básica es causa de guerra entre los hombres. Cuando un hijo siente amenazado el cariño y la dedicación de papá y/o mamá, emerge en él un «instinto de territorialidad» o afán de defender lo que considera suyo. Siendo ésta otra causa frecuente de rivalidad entre hermanos menores, porque todavía no entienden que el amor compartido no disminuye sino que crece y diversifica.
Algunas otras veces las «peleas» se originan porque no hay otra cosa que hacer. Es fácil que una larga y aburrida tarde de sábado termine en pelea, en ese caso tener actividades divertidas, productivas y colaborativas es la opción, es importante no caer en el riesgo de ser el animador de la vida de nuestros hijos, en esas tardes inactivas y de conflicto, como estrategia de paz se les puede sugerir a los hermanos que elijan: “O se ingenian un buen juego amistoso, o a cada uno se le asigna un trabajo extra en casa como: sacudir la biblioteca, organizar las fotos, limpiar el patio, etc”.
4.- Por deterioro del vínculo entre los padres
“Se puede afirmar, que el vínculo parental es la ‘zapata’ de todo el sistema familiar, y del cual depende la suerte de toda la familia” Es prioritario asumir que el vínculo filial (lazo fraterno) se descompensa o incluso rompe, como consecuencia directa del fracaso en el vínculo parental (relación entre padres).
El proceso observado es el siguiente: La pareja se adapta y establece una forma de relacionarse y por tanto se integran como esposos, al nacimiento del primer hijo la atención e interacción entre ellos se pone a prueba, al tener que compartir tiempos y afecto con el nuevo miembro (el hijo) generando en muchas ocasiones un descuido a la relación; y con la llegada del siguiente hijo, existe una frecuente tendencia a “engancharse” o vincularse con mayor apego a uno de los hijos, el cual se vuelve el “preferido” o más afín al progenitor, descuidando aún más el espacio de pareja e incluso se produce un divorcio “emocional”, volcando hacia este hijo el afecto que al principio le era destinado a la pareja. El desenlace final de toda esta dinámica es la rivalidad entre hermanos en el vínculo fraterno. Cada familia hará su propia dinámica, pero, la regla es que la rivalidad entre hermanos se origina en la preferencia que dan los progenitores.
En otras palabras, si los padres se llevaran mejor y permanecieran vinculados emocionalmente entre ellos, cubiertas sus necesidades afectivas, los hijos tendrían menos tendencia a la rivalidad fraterna y a los desajustes emocionales. Es importante recordar que es con nuestros hermanos con quienes desarrollamos nuestras técnicas de competencia o posicionamiento, las refinamos a la perfección y las mantenemos siempre a mano, listas para ser activadas, preparándonos al mundo real.
El clima familiar es muy importante; si predomina el amor y la confianza, dando lugar a un mejor entendimiento entre todos, siendo el antídoto contra los celos. Conviene propiciar entonces el afecto y compartir con los hijos, los acontecimientos familiares como son los proyectos comunes, las expectativas de vida, ilusiones, valores de la propia familia. Si se estimula la expresión sincera de sentimientos y emociones, se liberan miedos, tristezas e inseguridad. Así mismo hay que habituarles a compartir las responsabilidades diarias, aunado a propiciar realizar actividades en las que todos los miembros de la familia colaboren en ello. Cada hijo puede ayudar al otro en lo que sabe o puede hacer, participando de la misma tarea. También realizar sesiones de juegos familiares, excursiones y viajes; es decir «hacer convivencia familiar».
ESTRATEGIAS DE INTERVENCIÓN EN DESACUERDOS
Siempre se debe permitir que solos resuelvan sus propios problemas. De no lograrse por ellos mismos el acuerdo o solución de la discrepancia y tu consideras que debes intervenir en alguna pelea, ten en cuenta los siguientes puntos:
• Lo mejor al disciplinar es aplicar una consecuencia a los implicados no a uno solo.
• Evita el desgaste de buscar al culpable o a quien empezó. En cualquier situación de conflicto, en general, las dos partes tiene la misma culpabilidad.
• Trata de ignorar la mayoría de las discusiones o desavenencias entre tus hijos, evita preguntar quién empezó o qué pasó. La respuesta siempre será la misma: “fue él” o “fue ella quien lo hizo”, realiza intervenciones proactivas, esto es que favorezcan la conciliación.
• Asume que ambos son responsables por partes iguales o en mayor o menor grado sin que ello sea motivo para dejar a uno fuera de la sanción.
• Sugerir que el mayor frecuentemente sea el que ceda, sólo sirve para reforzar el patrón de conducta del niño más pequeño y aumenta el enojo y frustración del hijo mayor.
• La mejor opción ante discusiones verbales o físicas es separarlos hasta su total calma y posterior búsqueda de acuerdos entre ellos.
• En algunas situaciones puede ser útil el que actúes como intermediario o árbitro, ayudando a cada uno a presentar sus argumentos y a expresar sus puntos de vista. Luego les ayudas (a ambos) a llegar a un compromiso o acuerdo frente a la situación. Lo anterior le enseña a cada uno de los niños un modo práctico y efectivo de resolver problemas
• Cuando los hermanos desarrollan un patrón de hostilidad, agresividad, burla y enojo frente al otro, los padres deben tomarse el problema muy en serio. Cada uno de los niños debe ser protegido de cualquier forma de abuso físico o psicológico por parte del otro, por tanto es importante aseverar que eso no se permite y que cuando ocurra siempre se parará.
• Aún cuando las desavenencias son algo común entre las personas que viven bajo un mismo techo los padres no deben aceptar peleas frecuentes o ataques de ira.
• Con tiempo y esfuerzo casi siempre lograremos entender la causa de la rivalidad entre nuestros hijos y podremos manejar las situaciones de un modo exitoso.


