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Publicado por Miguel Mccormick en marzo 13, 2019
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Dentro de una buena nutrición es importante la variedad, el sabor y el entablar una relación saludable con los alimentos, lo que nos permitirá tomar buenas decisiones sobre lo que nos llevamos a la boca cotidianamente con el fin de dar una herramienta valiosísima a nuestro cuerpo para evitar enfermedades, o si llegan (lo cual es inevitable), conservemos un sistema inmunológico fuerte que nos permita contrarrestarlas de manera efectiva.

Dentro de estas decisiones importantes sobre nuestra alimentación y de esta “relación afectiva” con los alimentos, debemos contemplar aquello que nos da una sensación de bienestar, un “chiqueo” tanto a nuestro paladar como a nuestro cerebro, el sabor dulce.

Los alimentos dulces como las frutas y aquellos aditivos que proporcionan a los platillos, licuados, batidos, panadería, etc.  el sabor dulce, no es algo que tengamos que considerar como enemigos. Lo cierto, es que es imprescindible que estemos bien informados sobre las diferentes opciones, para tratar de seleccionar aquellos que nos proporcionan salud.

Al hablar de edulcorantes, estamos hablando tanto de los naturales como la sacarosa (el azúcar común), las diferentes mieles, inclusive la stevia), como de los artificiales: la sucralosa, la sacarina, el aspartame, el acesulfame K…. todos aquellos que son considerados como “light” y que los encontramos en un gran número de productos en los supermercados, entre los que se pueden mencionar: gelatinas, yogures, mermeladas, refrescos, jugos, cereales industriales, golosinas, chicles, etc.

Pareciera que todo aquello que dice “light” tiene como sinónimo el calificativo de “saludable”, por lo que es común que se consuman constantemente, inclusive en niños. Pero quizá valga la pena que revisemos un poco la información de estos edulcorantes, ya que aunque su uso está permitido por los diferentes departamentos de salud a nivel mundial, lo cierto es que no existen estudios concluyentes sobre la seguridad en su consumo, más si consideramos que demasiados productos los contienen y quizá nuestro consumo cotidiano sea demasiado alto.

Aspartame:

Es un derivado de la fenilalanina; su dulzura es aproximadamente de 180-200 veces superior al azúcar y debido a ella se necesitan cantidades muy bajas para obtener una dulzura. Un refresco light contiene 180 mg de aspartame.

El metanol es uno de los productos del metabolismo del apártame que es tóxico.

El metanol es un alcohol que tiene un efecto neurotóxico reconocido, y su ingestión puede causar acidosis láctica, depresión nerviosa y ceguera.

Se está estudiando un posible daño a la memoria por combinar de manera frecuente el alcohol con refrescos light.

Sucralosa:

Su dulzor es aproximadamente 600 veces mayor que el de la sucrosa (al azúcar), lo que lo convierte en el más potente. Se excreta virtualmente sin cambios a través de la materia fecal. Su elevada estabilidad lo hace susceptible de ser utilizado en alimentos cocidos y horneados. Como en todo edulcorante artificial, es importante tener en cuenta que, aun cuando se consuman pequeñísimas dosis, hacerlo por periodos prolongados puede llevar al organismo a acumular sustancias potencialmente tóxicas. Además hay centenares de productos que los contienen, sobre todo en personas susceptibles o con alguna deficiencia en sus mecanismos de eliminación (con problemas renales y/o hepáticos).

Sacarina:

Edulcorante artificial que se obtiene mediante síntesis química del tolueno (derivado del benceno para la preparación de colorantes y medicamentos) o de otros derivados del petróleo. Se considera un edulcorante sin calorías ya que no se descompone en nuestros cuerpos.

Esto significa que, durante la digestión, la sacarina pasa a través del cuerpo sin cambios y no proporciona calorías en el proceso. Por esta misma razón llega intacto hasta la flora intestinal, lo que produce cambios en nuestro sistema inmunológico, haciéndonos más propensos a diferentes enfermedades, entre ellas el cáncer. La sacarina es aproximadamente 200-700 veces más dulce que el azúcar.

Acesulfame K:

Potenciador del sabor y edulcorante sintético que endulza 200 veces más que el azúcar. Como tiene sabor amargo, suele combinarse con otros edulcorantes como el Aspartame y la Sucralosa. Último edulcorante, es el más nocivo. Según un estudio de 2005 testado en ratones, se interpreta que consumido a largo plazo podría ser cancerígeno (con mayor incidencia de cáncer sobre los varones) y estar unido a problemas neurológicos, hiperglucemia y secreción de insulina.

De lo anterior, podemos deducir que los edulcorantes artificiales lo único que nos dan, es sabor dulce. A diferencia de la miel o del azúcar, no contienen otros nutrientes benéficos para nuestro organismo. Esto no quiere decir que podamos consumirlos a libre demanda, pero quizá sí significa que si queremos introducir “dulce” en la vida de nuestra familia, será mejor volver a lo natural y olvidarnos de lo “light” y sobretodo, consumirlos con moderación.

Creo importante aclarar que si existe un miembro de la familia con diabetes, esta recomendación no aplica, ya que lo primero es hacer un plan personal que le ayude a controlar sus niveles de glucosa en sangre, antes de pensar en cualquier edulcorante.

 

Lic. Cristi De Obeso Orendain.

Tels: (33) 38253863 y 38253883

www.cristinaorendain.com

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