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¡Todos a la mesa!

Publicado por Susana en abril 18, 2017
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Por: Tpta. Cristina Orendain y Lic. Cristy de Obeso

Seis de la mañana… suena el despertador. La madre se levanta corriendo a preparar el licuado del desayuno mientras, que de una manera un poco ruidosa, despierta al resto de la familia: los hijos tienen que ir a la escuela, el marido a trabajar. Apresurados se arreglan, literalmente tragan el licuado y todos salen corriendo a sus actividades.

Dos de la tarde… el tráfico ¡terrible! El papá no pudo llegar a comer pues precisamente el tráfico se lo impidió y hay que regresar a la oficina. El resto de la familia llegó corriendo, rápidamente comió “comida rápida” pues hay que salir nuevamente a despechar niños a clases o simplemente la mamá tiene que regresar al trabajo. Ocho de la noche… Cada quien viendo televisión, cenan lo primero que se encuentren… se acabó el día. Mañana empieza un día más… ¿Qué le hace falta a esta historia?

Si nos ponemos a pensar, el ritmo que adoptamos en el día a día, no sólo nos está alejando de la buena nutrición, sino que también nos hace perder algo igualmente valioso: la convivencia familiar. Dentro de la nutrición, además de contar calorías y recomendar
alimentos, existe un apartado que tiene que ver con los buenos hábitos, las buenas prácticas. Una de ellas indispensable para una buena digestión (absorción de nutrientes y desecho de material restante), es el permitirte tener una espacio de comida digno; y con
digno me refiero a un espacio limpio, agradable, que te permita disfrutar los alimentos, con el tiempo suficiente para masticar y que sea acompañado de una plática amena… ¡Sí… eso! De verdadera convivencia familiar.

Existen estudios muy interesantes que relacionan los sentimientos personales con las prácticas alimenticias. De hecho, se han encontrado detonantes muy importantes entre la diabetes, la obesidad, la anorexia, la bulimia y otros desórdenes alimenticios y la forma con la que cada persona tuvo contacto con los alimentos desde bebé.

Por ponerte un ejemplo: obesidad. Si desde infante te acostumbraron a comida industrial, sabores exacerbantes del paladar, colores anti-naturales, va a ser muy difícil que en edades más avanzadas aceptes una buena ensalada o una simple manzana, lo que seguramente te llevará a tener más problemas con tu grasa corporal. Si a esto le aunamos que desde pequeño o pequeña, se te sembró la semilla de la culpabilidad por comer, tu riesgo a ser obeso se incrementa, pues “la culpa engorda”, hecho científico.

Por el contrario, si la hora de los alimentos es la hora de lo reclamos, regaños, pleitos… no es de sorprender que se relacione la comida con malos momentos y dejes de comer. ¿Te has preguntado por qué hay tantos problemas digestivos? ¿No tendrá mucho que ver el hecho de comer parados, de prisa, tragando y no masticando, sin sobremesa para la digestión?

¿Qué pasaría si a partir de mañana te propones que por lo menos un vez al día, sea comida o cena, todos se sienten al mismo tiempo, se pongan al día en lo que les ha sucedido, planean el fin de semana, disfruten lo que están comiendo, terminen con una pequeña pero buena sobremesa? ¿No crees que la alimentación de tu familia y la comunicación de tus seres queridos mejoraría en todos los sentidos? Esta es la invitación…. Siéntate a la mesa.

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