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¡No más berrinches!

Publicado por Susana en junio 6, 2017
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“Los berrinches resultan de la INSATISFACCIÓN, DISGUSTO y DESESPERACIÓN que el hijo o hija siente ante un evento o situación”

Imaginemos un usual escenario “dentro de un centro comercial, con atractivos locales que muestran deseados productos infantiles: dulces, juguetes, diversión, etc. y paseando por los pasillos a una familia, compuesta ésta por el padre la madre y un pequeño, de pronto su personaje favorito se encuentra cercano a su vista en forma de juguete atractivo, y claro desea tenerlo, corre lo toma y quiere salir de la tienda con él. Acto seguido la madre (que más frecuentemente son las que regulan) lanza en tono cordial y negociador –no cielito, déjalo en su lugar- respuesta inmediata, el ocurrente y angelical pequeño, se transforma en el mismísimo “demonio”, empieza a gritar, patalear, llorar, se aferra al juguete y no hay poder humano que lo haga entrar en razón. Aunado a las miradas de desacreditación de los paseantes en la plaza”

¿Le parece usual? ¿Tendría usted claro que hacer? ¿Qué ha esperado obtener con las intervenciones hechas en eventos similares? En fin, esas y muchas interrogantes más, analicemos un poco el fenómeno del berrinche y obtengamos estrategias que faciliten su manejo o acompañamiento como padres.

Los berrinches resultan de la INSATISFACCIÓN, DISGUSTO y DESESPERACIÓN que el hijo o hija siente ante un evento o situación, genera en el infante la percepción de pérdida de control sobre sí mismo, sobre los otros o sobre el entorno. Durante dicho episodio frenético emocional el infante y lamentablemente a veces los adultos pierden el objetivo detonante del berrinche o sea, si el niño estaba llorando por el juguete que quería, ahora también está llorando porque no le entienden, porque no puedo esperar a otro momento, porque se están enojando con su reacción, porque le gritan, lo empujan, etc.

De la misma forma nos pasa como padres, ante un evento como el descrito me siento molesto porque quieres un juguete cuando “ya sabes que no te lo puedo comprar”, porque estas llorando ante mi negativa, me están viendo las personas del lugar y piensan que no puedo controlarte, estoy perdiendo el tiempo y me desespero, no es agradable lo que sucede, entre otras.

Ahora entendemos porqué decimos que es una explosión emocional, se pierde el objetivo central motivo del disgusto y tiene daños colaterales (desgaste afectivo). Es importante tener en cuenta que los berrinches infantiles son una reacción frenética, esperada y frecuente en niños de entre 18 meses y hasta cerca de los 5 años. Por tanto la definimos como un fuerte ataque de ira, manifestado en llantos, gritos, protestas, golpes, manoteos, tirar cosas, tirarse al suelo, empujar, jalarse, entre otras.  Todos los berrinches son temporales, aunque usted crea o sienta que son eternos, pudiendo ser frecuentes pero sujetos a una temporalidad específica determinada por la intensidad de la pérdida. Por tanto no hay “niños berrinchudos” hay frecuentes episodios de berrinche.  

Los berrinches son episodios naturales y esperados de frustración infantil y siempre presentarán un periodo de regulación y normalización de la conducta, hasta su extinción. Engancharnos como padres en las particularidades de la manifestación del hijo (llanto, gritos, aventar, golpear, etc.) o en el entorno y su impacto en nosotros (vergüenza, impotencia, frustración, enojo), no favorece a la extinción del episodio de frustración o logro de la autorregulación. Su papel como padre y figura formativa en el sano desarrollo del infante es intervenir para acompañar, contener o disuadir el berrinche.

Para ello tomemos en cuenta algunas consideraciones ante el comportamiento infantil.

  • Busque prevenir las explosiones emocionales “berrinches” a través de: evitar estímulos detonantes. Explicando los límites y las normas que se tienen, antes de vivir cualquier evento o situación, ejemplo: “iremos al mercado, solo compraremos verduras y carne” ante la insistencia de un juguete se repetirá la instrucción dada con anterioridad “te acuerdas, venimos al mercado a comprar verduras y carne, juguetes no” evitando negociar o buscar el exceso de argumentación.
  • Otorgue conforme avanza la edad, progresiva autonomía. En ocasiones el “berrinche” se detona por la necesidad o deseo de querer hacer las cosas solo y ante la negativa de los padres de así permitirlo se desata la frustración en el infante.  
  • Disminuya la posible incomodidad en el menor que pueda detonar el “berrinche”, como sería la sensación de: sueño, hambre, calor, cansancio, miedo, etc.
  • Ser estructurado, sistemático y rutinario, también apoya a la disminución de las explosiones emocionales “berrinches”, dado que dan certeza a lo que procede o sigue según el día, momento, espacio y lugar.   
  • Frecuentemente la mejor opción es ignorar, dado que se encuentra fuera de control y en ocasiones lo mejor será esperar a que el llanto y la pataleta acaben, para iniciar entonces el diálogo y la reflexión. Se ignora, siempre y cuando no exista: riesgo de lastimarse, la situación se torne muy incómoda (lugar público o evento) o se pueda perder la tutela del menor (salga corriendo).
  • Distraer es útil. Los niños tienen corta atención y tienden a desviarla fácilmente, si el niño está interesado en algo más, el enojo y la frustración pueden desaparecer. La técnica de distracción no se aplica directamente al menor, sino sobre otro punto de interés, ejemplo: mirando un objeto se dice “¿pero qué es esto que estoy viendo? ¿quién lo dejo aquí? ¿para qué sirve? ¿qué lindo es?” expresado de forma efusiva, sin hacer contacto visual con el menor o aproximarle el objeto, con expresiones muy elocuentes y frecuentes. Si el menor deja de llorar y se acerca, no se atiende directamente, sino se sigue con la atención en el nuevo objeto. Expresiones como: “seguro alguien lo dejo aquí” “pero que será” “que lindo color tiene” son útiles, una vez que muestra interés se le presta o da información sobre el objeto, sin referir su conducta anterior y se cambia la situación, “bien, vámonos”.
  • Favorecer expresar la molestia o el sentir del menor. Esto funciona muy bien para niños menores de 2 a 3 años, cuando su comunicación es limitada, tienen dentro todos esos deseos, pensamientos y necesidades que deben satisfacerse, si esto no se cumple, sobreviene la frustración. Palabras como: “Muéstrame lo que quieres” “Qué quieres hacer” “Qué te molesta” “Podemos hacer esto en lugar de eso”, son expresiones de gran utilidad.
  • De espacio para el tiempo de la molestia y frustración infantil. Ellos por sí solos, pueden acabar con su enojo, siempre garantizando primeramente su seguridad física y la de los demás. Por eso, enviarlo a un espacio aislado y seguro (no baños, ni closets) es una estrategia efectiva para lograr retomar la tranquilidad. Posteriormente, puede llevarse a la reflexión sobre su inadecuado actuar y asumir las consecuencias de sus actos. En ocasiones el berrinche crece, porque los adultos desean contener el sentir en ese momento.
  • Dar un “abrazo contencioso afectivo” o “contención corporal” ayuda al menor a sentirse contenido afectivamente, recibido emocionalmente y atendido en su reacción. Se trata de un grande y firme abrazo, con limitada expresión verbal y siempre aplicada por un adulto en control. Es una técnica de último recursos y se aplica cuando hay riesgo de lastimarse o lastimar a otros o los objetos. Solo en menores de 7 años. Este tipo de abrazo busca hacer sentir seguro al menor y de alguna manera, se les hace saber que estamos preocupados por ellos, aun cuando no se esté de acuerdo, con su negativo comportamiento.

Evitemos siempre tres conductas que no ayudan a la autorregulación emocional:

Rechazarlo: después de un episodio de emocional explosivo, evite traducir que “recibirlo” no es premiarlo, sino consolarlo por la horrible sensación experimentada, ante su deficiente incapacidad de no poder controlar sus emociones.

Pegarles: sólo incrementa la frecuencia y duración de los berrinches, el mal comportamiento y genera el aprendizaje de que agredir o sobre reaccionando se resuelven las cosas. Por lo tanto se le enseña que la violencia sirve para resolver.

Ceder: esto es, otorgar lo que quiere o hacer lo que indica, enseñara al menor a manipular para conseguir lo que quiere. Haciéndolo más seguido y en público, para con ello ejercer mayor presión. Toda conducta que genere un resultado de éxito se instala.

Recuerde las explosiones emocionales “berrinches” están asociados a estados de inmadurez en la infancia por lo tanto son esperados y propios de la edad, acompañar, desarrollar una sana expresión emocional y favorecer la autorregulación en nuestros hijos e hijas; es uno de nuestros principales quehaceres como padres de familia. Considere lo aprendido en la próxima explosión emocional infantil que su hijo o hija presente. Seguro ahora se sentirá con mayores recursos y más efectivo.

 

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