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Publicado por Susana en febrero 7, 2020
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Siete pasos para hacer de tu hijo, un experto emocional

Todos hemos escuchado que la base de la felicidad, es la inteligencia emocional y todos queremos que nuestros hijos sean felices pero, educar a los hijos en inteligencia emocional no es tarea fácil y ¿dónde aprendemos si nadie nos enseñó a nosotros como hacerlo?

Aquí te dejamos  7 estrategias que pueden servirte para guiar  las emociones de sus hijos con éxito, algo muy necesario para la salud mental de todas las personas y para la mejora del sistema educativo.

Por ahora, solo tengamos presente que, etimológicamente, el concepto de emoción proviene del latín emovere que significa “movimiento hacia”.

Inteligencia emocional

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Estrategias para criar a un experto/a emocional

1.Conocer las emociones básicas

Las emociones básicas que se nos presentan a diario  podemos clasificarlas en emociones de aproximación y emociones de defensa. Las de aproximación se llaman así porque nos producen el deseo de acercarnos a nuestros seres queridos y de compartir el bienestar que sentimos con ellos como la alegría, el amor y la curiosidad. Las emociones de defensa, por su parte, son aquellas que nos producen malestar y dentro de las cuales están: el miedo, la rabia, la tristeza, la alegría.

Los chicos deben conocer, como mínimo, las siguientes emociones básicas y para qué sirven cada una de ellas: miedo, rabia, tristeza, alegría, curiosidad, asco, amor y para niños un poco más mayores, la vergüenza. Por ejemplo,  la emoción de rabia o ira nos hace sentir enfadados tenemos ganas de pegar, insultar o atacar, motivo por el cual se activa el tren superior del cuerpo. En cambio, cuando nos sentimos alegres tenemos ganas de acercarnos a nuestros seres queridos y compartir con ellos nuestro bienestar.

2. Reconocerlas cuando se presentan

Ya que conocemos las emociones básicas, debemos aprender a reconocerlas en nosotros mismos y en los demás.  Por ejemplo, la inquietud en un niño puede expresar alegría, la risa nerviosa puede expresar miedo, el arrugar la cara puede ser un gesto de asco, una pelea entre hermanos puede ser una acción que implique enojo. Por este motivo, es importante que desde pequeños, ayudemos a los chicos  a ponerles  nombre a las emociones que están experimentando en casa momento. “Vero, tienes ganas de pegarle a tu hermano porque sientes enojo”  o “Andrés, te cuesta tranquilizarte porque estás muy alegre por tu fiesta de cumpleaños”.

3. Validar todas las emociones

Cuando hablamos de validar, nos referimos a permitir y a atender la emoción que viven los chicos. Los adultos tendemos a filtrar sus emociones y a inhibirlas con expresiones como: “¿cómo es que te da miedo ese perro tan chiquito?” o “¿No te gusta el pastel de la abuela que hizo con tanto cariño?”  Las emociones deben sentirse, debemos ser libres para experimentarlas y expresarlas con el fin de aprender a canalizarlas después. Si no las validamos, no habrá forma de que los niños aprendan a manejarlas y tarde o temprano terminarán ocultándolas o ignorándolas generando un problema futuro mucho más difícil de atender.

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4. Aprender a regular las emociones

Las emociones surgen en una parte concreta del cerebro que se llama sistema límbico. Nosotros no controlamos  que surjan o no  determinadas emociones, ya que son involuntarias, automáticas e inconscientes, pero lo que  podemos hacer es gestionar o regular lo que hacemos con ellas. Esa es la diferencia entre emoción y conducta.

Recordemos que las emociones nos ponen en movimiento, pero podemos decidir que hacer con lo que sentimos y transformarlo en algo positivo.  Por ejemplo: Si alguien se nos atraviesa en el coche violentamente, probablemente sentiremos enojo, pero si pensamos en el peligro de la reacción que tendremos, podemos continuar nuestro camino y canalizar la energía en seguir manejando. Siento la emoción, pero controlo mi conducta. Podemos poner ejemplos a los chicos o ayudarlos a diferenciar sus emociones de sus conductas y ayudarlos a canalizar su impulso en algo positivo desde pequeños.

5. Reflexionar sobre cada emoción

Darle un momento a pensar sobre lo que estamos sintiendo, y sobre las sensaciones que se generan en nuestro cuerpo es muy importante, esto pueden ser unos cuantos segundos que me permiten decidir sobre la acción siguiente. Cada acción de este proceso se asocia a un verbo. Sensación: notar, emociones: sentir,   pensamientos: pensar y acciones: hacer.  Ejemplo: Miguelito  está muy enojado con unos niños que no le dejan jugar fútbol. En ese momento, su  papá se acerca a él, con la idea de ayudarle a reflexionar sobre lo que pasa. Le puede decir algo parecido a esto: “Miguel, esto que sientes se llama enojo (emoción) y es completamente normal. ¿Has notado (sensaciones) como tus brazos se ponen tensos y tu corazón late más deprisa? Seguramente pensaste  (pensamientos) que esos niños son tontos por no dejarte jugar con ellos y quieres insultarlos y pegarles (acciones).”

6. Adaptar la emoción al entorno

Algunas veces podemos expresar naturalmente la emoción que sentimos, pero otras veces, el entorno, nos exige una respuesta distinta, adaptada. Por ejemplo: Nos ha ido de maravilla en un examen y nos sentimos felices, pero a nuestra mejor amiga le ha ido muy mal, si empatizamos con ella, no podemos ser tan efusivos con nuestras emociones. Adaptar las emociones, sobre todo las desagradables, es un principio de sana convivencia, de educación y empatía.

7. Aterrizar la experiencia de la emoción

Si entendemos lo que sucedió y sus resultados, positivos o negativos, podremos aprender de esta experiencia e ir mejorando el proceso de la gestión de nuestras emociones. Esto se logra fácilmente con los chicos,  contando la historia de lo ocurrido casi como un cuento: Julieta, pequeña de 6 años está durmiendo en su habitación, de repente, se pone a llorar y grita, tuvo un mal sueño . Sus papás acuden a ella y ademas de abrazarla, le dicen: “Juli, tuviste una horrible pesadilla, es normal que estés asustada y que te sientas inquieta y temerosa, pero ya estamos aquí contigo; mamá y papá también sienten miedo cuando tenemos sueños desagradables. ¿qué tal que nos tranquilicemos un poco y volvamos a intentar dormir?

 

Esta son los 7 pasos y no decimos que sea sencillo, se requiere de mucha paciencia, constancia, dedicación, trabajo personal y empatía. Acompañándolos y ayudándolos a gestionar sus emociones, seguramente nosotros mismos nos convertiremos en unos expertos y veremos como ellos, poco a poco, enfrentan las dificultades diarios de mejor manera, esa será una gran satisfacción.

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